Uno fue el individuo que no supo crear sonetos en habitaciones ventiladas, dos los ojos que lo encandilaron tras las golondrinas que se quedaron muertas en su almohada, tres de cada cuatro barcos naufragaron en la forma que le dieron al mar, cinco las mañanas esperando a que sonase una canción sin título y seis libros que llevo sin dejar de leer por no querer acabarlos después de mis despojos.
Siete son los caminos que dejé sin pisar, ocho naipes duelen al soñar con mis miedos que condenan a la hoguera mis recuerdos. Nueve cuerdas flojas de una guitarra sin afinar, y cinco dedos con mis otros cinco recuerdan demasiado.
Once buses sin pasajeros aclopados, doce los soldados que cayeron en la Guerra sin sentido.
Trece buena suerte si es que paseas sin maletas por mi barrio y te encuentras en una estación vacía conmigo...